La historia de La Nohelia es la historia de un regreso. John, fundador de la marca,
nació en el campo, se fue a la ciudad como toda su generación —
porque en el campo no había oportunidades de estudio — y en algún momento
se sintió desarraigado y volvió a la finca.
Lo que encontró fue una finca cafetera de tradición. Su papá tenía prácticas
por encima del promedio para la época — no quemó la tierra y mantuvo los
cafetos acompañados por frutales — pero la finca operaba con los métodos
cafeteros tradicionales de la región. No era una finca orgánica ni una historia
idílica. Era una finca cafetera real, con tierra cuidada por una familia que
llevaba generaciones en el oficio.
Lo que sí había era ese cuidado generacional, un papá con conciencia adelantada
para su tiempo, y un perfil de taza excepcional escondido bajo la forma
tradicional de transformar. A partir de ahí — con formación técnica nueva,
otra conciencia y mucho trabajo — empezó el cambio que la finca está recorriendo hoy.
John estudió tostión, barismo y producción de cafés especiales. La familia decidió
controlar toda la cadena: cultivar, fermentar, tostar y entregar. No hay acopiador,
no hay exportador intermediario, no hay tostador tercerizado.
Aquí no hay actores, nosotros vivimos de esto.
Y estamos en un camino — no en un destino. La finca está pasando del modelo
cafetero tradicional hacia uno agroecológico donde los cafetales conviven con
frutales, árboles nativos, abejas, pájaros, microorganismos. Algunos lotes ya
están avanzados en agroforestería. Otros están en transición. No prometemos lo
que no podemos respaldar — te contamos exactamente dónde estamos en cada cosecha.
La honestidad sobre el proceso es parte del producto.